- Tú no lo entiendes.
- Aquí nadie entiende nada.
Golpe tras golpe.
Una vocecita en el interior de mi cerebro me chilla que salga de esto ya, que cuanto antes mejor, que no es necesario este puto sufrimiento por amor. Que el amor no duele y que si duele... no es amor. 2 + 2 son 4 y punto. Y sin embargo aquí estoy yo, con la lágrima en el ojo como única arma contra los desprecios y las malas mañas de la persona que me levanta los más profundos suspiros y por la que daría hasta el último aliento de vida. No esperar nada de nadie era una buena fórmula mientras no amaras con toda tu alma, pero cuando te vendes por unas caricias esperas la misma aspiración del otro. Y yo di con un muro. Si no doliera tanto... Pero parece que chocarme contra el hormigón me resulta menos aterrador. Siempre he sido una niña cómoda, no me gustan los sufrimientos y el pánico al abismo de lo que vendrá después me deja sin aliento y pienso en aguantar un poco más el dolor. Ese dolor otra vez... Joder, no quiero.
[hoy soy presa de mi miedo]