Haces que me haga muchas preguntas. Quizá demasiadas. El hecho de prácticamente la mitad de lo que he escrito sea sobre ti dice mucho de mi. O no. Preferería que no.
Que eres especial es un hecho.
Aunque lo niegue.
Aunque reniegue.
Que no vas a salir de mi vida sin dejar cicatriz es otro hecho.
Aunque me joda.
Y eso si sales.
A veces no sé qué pensar. No sé si juegas a algo o si te has perdido en tu propia muralla. La mitad del tiempo no te entiendo y la otra mitad no estás. Cuando me paro a pensar en todo lo que ha pasado estoy tranquila. Ya no te espero. Es extraño pero es lo más real que puedo sentir ahora mismo.
Me das la vida por fascículos y no te voy a negar que disfruto los momentos de paz: tu cabeza en mis piernas pidiendo cariño. Tus besos en la espalda por las mañanas. Tus "pon tus pies debajo de los míos para que se te calienten". Las risas. Tus besos. Sobre todo tus besos, los que siempre me robas.
12 horas.
Un paréntesis de la vida real en el que somos lo más parecido a unos novios.
Y luego desaparecer para lamernos las heridas que abrimos la noche anterior. Que no se note que me revuelves. Que nos pensamos una y otra vez al día siguiente pero pobre de quién le eche valor y lo exprese porque responderá el silencio. En definitiva, para huir de los posibles sentimientos.
Para no sufrir.
Alambre de espino.
Que nadie entre.
Por si se queda.
Te perdono. Una y mil veces te perdono porque eres un cobarde, pero también lo soy yo. ¿Cómo no serlo si nos hemos hecho daño por miedo? Nos elegimos, después de todo. Hay mucho que aprender aún.
[y volver a volver. Volver]