Trato de recordarme que estoy por
encima de todo. En un estado superior de la mente, de lo
físico-corpóreo. Pero no puedo. A ratos me visitan los demonios que
tengo a cada lado y me bombardean. Y yo me debato sin remedio entre el mal y
el mal, sin un ángel que me de un buen consejo.
(qué asco)
Ya sé que al final el orgullo tendrá
la última palabra. ¿Me arrepentiré de ello?
[con lo que me cuesta querer
sólo a ratos]
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